lunes, 1 de marzo de 2010

A propósito de terremotos. Parte 1


Chile ha sufrido una vez más una catástrofe de proporciones. El terremoto sufrido por nuestro país da indicios de la fragilidad, no solo de nuestras construcciones materiales, sino también de nuestras construcciones sociales y espirituales.

Durante mucho tiempo nuestro país se ha proclamado y autoproclamado como el país más solvente de Latinoamerica, capaz de resistir una debacle financiera que incluso a EEUU hizo temblar. Incluso en algún tiempo fuimos llamados "Los jaguares de Latinoamérica". Sin embargo, muy poco de lo que hemos construido tiene trascendencia, y nuestras construcciones sociales tienen poco o nada de que enorgullecerse, porque todo ha caído. Lo que muchas personas levantaron con grandes esfuerzos, quizás de toda una vida ha sido llevado por la tierra o por el mar. ¿Y que nos dice eso?, que todo por lo que luchamos tiene poca importancia, que todo lo que hacemos es guiado por un materialismo ciego que no es otra cosa, sino un gran defecto de la sociedad en la que vivimos.
Situaciones como la que hemos vivido nos dejan muy en claro que estamos errando el camino, que el hecho de no mirar al de al lado como un hermano, un ser humano en igualdad de condiciones que uno mismo, es la enfermedad de nuestro siglo.

Una Teletón nos tranquiliza la consciencia, y cual aspirina viene a calmar los dolores más profundos del alma, nos anestecia para seguir adelante con nuestra vida, nos da el remedio para no seguir sufriendo por el que lo está pasando pésimo, por el que ha perdido mucho más que su casa, que ha perdido la dignidad mínima que debe tener un ser humano. No quiero decir con esto que no se haga, pero mitigar el dolor no cierra la herida.

Gente ha perdido sus casas, ha sido estafada por empresas constructoras de dudosa reputación, que aliadas con los municipios han hecho lo que han querido, han dejado en la calle gracias a su ambición a decenas y cientos de familias. ¿Por qué? esa es la pregunta y es bastante extensa de respondar, es mejor dejarla a criterio y contexto de cada uno.

¿Qué enseñamos después del terremoto? ¿podré pararme en la sala de clase y dirigirme de la misma forma a los niños? ¿podré seguir con la farsa del exitismo sin sentido? ¿seguiremos avalando la charada?

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